Powered By Blogger

domingo, 15 de enero de 2012

Enamorarse es fuego.

 Un proceso que todo lo quema y todo lo consume, sobre todo a quien lo profesa. Como toda autocombustión, afortunadamente, no dura para siempre. Nadie sobreviviría mucho tiempo a esa ceguera, a esa falta de cordura. Pero tampoco sabríamos cicatrizar sin haberla sufrido nunca. He sido pirómana por amor, he fingido poder controlarlo, he negado lo que era evidente.

Estar enamorado, en cambio, es aire. Oxígeno. Inspiración. Llenar el corazón de sangre nueva. Sacarlo a tomar el fresco. Abrir sus ventanas y dejar que corra el aire, que entre la luz. Todo huele a nuevo, a necesario y a conveniente. En esta apartada orilla se respira mucho mejor, dónde va a parar.

Querer es tierra, posesión y pertenencia. Delimitación, frontera y exclusión. O quieresconmigo o quieres contra mí. Hectáreas de deseos mezquinos y egoístas. Por eso es peligroso querer mucho y sin control, porque aquello que quieres, tarde o temprano, te acabará poseyendo, ya lo decía Cortázar.

Y amar.. amar, es agua. La combinación estable perfecta entre la energía del hidrógeno y la vida del oxígeno. Unidos pero flexiblesCohesionados, pero adaptables. En otra palabra, contradictorios. Fluir sin voluntad de correr, liberar con intención de atrapar, vivir el futuro como si acabase.. ayer. Aunque conlleva más peligros de los que te puedas imaginar: la tensión superficial, que mantiene una impermeabilidad ficticia; las corrientes, que nos arrastran sin darnos cuenta adonde no queremos estar, y la temperatura de ebullición, porque aunque no lo parezca, si te descuidas, también esto puede hervir.. y evaporarse.




No hay comentarios:

Publicar un comentario